viernes, 20 de febrero de 2009

DIARIO DE UN AFICIONADO

Voy a hablar de la fauna que habitualmente puebla los eventos culturales de nuestra ciudad y lo que opinan algunas personas respetables. Debido a mi afición a la música la mayor parte de los ejemplos están relacionados con conciertos de música. Sin embargo muchas cosas de las que aquí explico son extensibles a otro tipo de eventos.

El primer tipo de persona que podemos encontrar es aquel al que todo le parece bellísimo y sublime. Muy típico en mujeres de avanzada edad a las que todo les parece maravilloso; aunque sea un bodrio. Eso sí, cualquier cosa que no este de acuerdo con sus gustos, buena parte del arte realizado a partir de 1900, no les parece “bueno” y su autor no es un buen artista; aunque sea el propio autor el que busca la disonancia o que el cuadro no parezca realista.

Dentro de este grupo podemos encontrar una serie de mujeres mayores que suelen frecuentar las salas de conciertos. Estas mujeres, temidas como la peste por los aficionados, tienen por afición comer caramelos durante el concierto, siendo muchas veces el momento culminante del concierto el rato que tardan en quitar el envoltorio del caramelo. El diálogo rudio-musical que se produce entre el envoltorio y el instrumentista es en muchas ocasiones sublime. Otra afición de este grupo es ponerse a hablar durante el concierto, a pesar de que todo es maravilloso, con el agravante de que están medio sordas, y claro, en lugar de hablar en voz baja hablan con un volumen de voz que facilita que todos los presentes sepamos de lo que están hablando.

Gracias al Auditori la alta sociedad de nuestra ciudad tiene un lugar más donde dejarse ver. Esta claro que si el concierto no tiene lugar en el Auditori y el precio es más bajo no es tan bueno. Aun recuerdo un concierto de un cuarteto de cuerda. En la Casa de la Cultura valía 5 € y no creo que fuéramos más de 50 personas. En el Auditori un año y medio más tarde, mismo cuarteto de cuerda, igual de famoso, 24 € la entrada, la Sala de Cámara del Auditorio estaba llena a reventar. Está claro que la Casa de Cultura no es el mejor sitio para lucir las mejores galas; aunque sean los mismos interpretes. A mí me hace mucha gracia escuchar en los intermedios de los conciertos en el Auditori comentarios del tipo “Es que yo no entiendo de música“, etc. Eso sí de moda y complementos son auténticos expertos. En los conciertos de pago de nuestra ciudad también hay un tipo de especie numerosa que desaparece a mitad de concierto, por causas que no acabo de comprender. En algunas ocasiones buena parte del aforo ha desaparecido en el intermedio.

Otros tipo de especie estos dignos de compasión, son aquellos que se ven casi obligados a acudir a un concierto por su pareja, padre, abuela, etc. La verdad es que puede llegar a ser una tortura para algunos. Aún recuerdo un caso en el que el novio de una chica aguantó todo el concierto gracias a los sobornos de esta. En repetidas ocasiones escuche la promesa de que a continuación lo invitaría a comer pizza si aguantaba todo el concierto. Dentro de este grupo encontramos los que llevan a los hijos que no tienen otro diversión que la de ponerse a jugar durante el concierto. Alguno se ha ganado un buen tirón de orejas por mi parte, por no decir otra cosa.

Lo peor que he visto en esta ciudad es la crítica y algunos articulistas de medio pelo. Mi experiencia con la crítica se puede resumir en dos puntos. Adulación a unos, crítica despiadada a otros. No acabo de entender muy bien el criterio que aplican; pero mientras que a algunas agrupaciones musicales se les considera que han realizado un gran concierto, a pesar de numerosos fallos en la interpretación, a otros que no lo han hecho peor, y de los que cabe esperar menos, son atacados sin ningún tipo de piedad. Aunque en todo caso son mejores que algunos de los políticos que de vez en cuando se ven en la necesidad de tener que opinar sobre arte. Con la polémica surgida a raíz del “Niu” se pudo ver el nivel de algunos articulistas y políticos. No tanto porque estuvieran a favor o en contra, sino por los argumentos simplones que utilizaban, en gente que era de esperar que demostraran un nivel más elevado. Se les supone estudios, capacidad de análisis, etc.

Un ejemplo del nivel cultural medio de esta ciudad se pudo ver en un concierto celebrado hace algunos años en la Casa de la Cultura. Al final de un concierto para piano, de un nivel muy elevado tratándose del lugar y que era gratuito, el intérprete, norteamericano para más datos, decidió tocar una propina. Antes de comenzar la obra dijo dirigiéndose al público en inglés, idioma conocido por pocas personas allí presentes, “Como uds ya la conocen no les voy a decir la obra” (o algo así). Se trataba de una famosa obra de Isaac Albéniz, famoso compositor nacido en Camprodon. Aunque yo no conocía con exactitud el título de la obra si que sin ningún tipo de duda sabía que era de este compositor. Al finalizar el concierto, por los comentarios que escuché de fondo, nadie supo identificar el compositor de la obra; a pesar que era de estas tierra y una de sus obras más famosas.

Israel Muñoz.

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